lunes, 7 de abril de 2025

LA CASA DE LA SOLEDAD

    

    Ya apenas entendía nada sobre ningún asunto. Apenas ya lo pretendía. Estaba en ese punto de la vida, en el que ya, apenas se desea nada. Solo un buen puñado de troncos para seguir avivando el fuego de la chimenea y un par de libros pendientes sobre la mesilla de noche. Y café en la cocina.

    Hacia ya algún tiempo que no se oían pisadas en el zaguán, y ninguna mano tocaba las campanillas de la puerta. No había visitas ni visitantes en la casa de la soledad.

    Que fragilidad tan extraña guardan aquellos que habitan la soledad. Que llegan a saber como habitarla, plenamente, sin trascenderla a trompicones, a sabiendas que sus esquinas son afiladas.


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